La presidencia del HCD dejó de ser peronista
Fue en una sesión discutida y con el voto de los concejales de Unión Pro sumándose a la UCR. También se perdió la Secretaría.
En la tarde del jueves 10 de diciembre se produjo un hecho de gran importancia para la política de General Madariaga. La Unión Cívica Radical por primera vez en los catorce años de ininterrumpida hegemonía justicialista consigue la presidencia del Cuerpo Legislativo. El hecho no ameritaría análisis dada la tercer derrota consecutiva que debió asumir el Consejo del Partido Justicialista en elecciones locales -recordemos que en el año 2007 apoyó la lista del entonces Intendente Juan Knesevich, acreedora del tercer lugar en los comicios de ese año-, pero adquiere importancia porque constituye el segundo revés para la línea que lidera el ingeniero Adrián Mircovich, la vencedora de aquella contienda electoral.
No vamos a analizar aquí si el Acuerdo Cívico y Social forma parte o no del radicalismo, algo inobjetable desde el punto de vista del elector aunque técnicamente ofrezca una sutileza como tantas en la política actual, ¿cómo decirles sino, a las familias tradicionales del Radicalismo de General Madariaga, que las elecciones pasadas no votaron a la UCR ?.
Tampoco desde nuestra visión pretendemos ahondar en acuerdos tácitos (más bien tradiciones), que no están avalados por ninguna norma escrita, aquellas que cincelan la democracia y le van dando forma con las limitaciones humanas y sus errores inevitables, como un padre que educa a su hijo al mismo tiempo que aprende a ser padre. Sabrán los responsables de esos acuerdos si es moral o no discontinuarlos o si está bien aunque sea legal que la presidencia del HCD quede en manos de una clara minoría.
Mucho menos en la vieja premisa del derecho que dice que la costumbre genera legislación, esto es verdad en algunos casos en los que no existe dicha legislación o cuando determinada costumbre cambia el significado de alguna ley, un ejemplo claro es la vestimenta en las playas, jamás se derogaron las ordenanzas que indicaban cómo debían vestirse los hombres y mujeres en las arenas de la costa, la costumbre lentamente fue cambiando el concepto de lo prohibido y lo permitido y los que debían hacer cumplir las ordenanzas también se fueron adaptando. A priori no sería sano apelar a la costumbre cuando el derecho tiene perfectamente determinado el camino a seguir, y menos aún reclamar la presidencia de un cuerpo de otra forma que no sea el voto. Aunque aquí se desliza un punto importante ya que la sumatoria de votos del bloque del partido Justicialista supera a los del radicalismo aún si sumamos solamente los obtenidos por los cuatro y cuatro concejales que según la UCR posee legítimamente cada bloque.
Ni siquiera hace falta argumentar con una sutileza tan breve como la interpretación de la ley electoral en cuanto a cual fue la última elección municipal. Está claro que la mayor representación con relación a los votos obtenidos la tiene el partido Justicialista -ni siquiera les hace falta sumar los del Frente para la Victoria-, sino no estaría ocupando la Intendencia uno de sus hombres. Pero de todos modos, la elección legislativa del 28 de junio de 2009 ¿fue un aval de los votos obtenidos en el 2007 para el oficialismo? ¿O fue todo lo contrario? ¿Sirven esos votos para revalidar hoy la presidencia del Cuerpo?
No obstante, lo que aquí nos preocupa y no logramos entender es por qué un cuerpo colegiado -que como tal es el mayor representante del pensamiento colectivo, ya que a diferencia del ejecutivo y del judicial incluso las minorías están representadas-, teniendo ocho concejales con un origen de voto justicialista, debe resignar el manejo a la voluntad de los cuatro que representan la ideología contraria.
La Unión Pro , que en la provincia encabezaba el por entonces diputado justicialista De Narvaez, asumió el voto del peronismo disidente, al que naturalmente se le sumaron sectores independientes de distintas procedencias; el Frente para la Victoria , llevaba por líder nada menos que al Presidente del Partido Justicialista, Nestor Kirtchner; y el Partido Justicialista lógicamente asumía los emblemas y la representación del PJ tradicional.
Con el voto de los Concejales Santiago Arrachea y María Ricci, la UCR logra después de catorce años la Presidencia del Cuerpo y obliga al intendente Cristian Popovich a una política de consensos a los efectos de lograr gobernabilidad, una gimnasia poco habitual en los mandatarios peronistas desde que en el año 1995 logró alzarse con el control del legislativo. No por ser autoritarios sino que sencillamente no fue necesario, ya que desde el 83 hasta la fecha jamás un intendente tuvo que gobernar carente de la presidencia del Cuerpo.
La pregunta que nos hacemos es: ¿está manifiesta la representación popular en el voto de los Concejales que le dan la presidencia a la UCR ? Acaso sí en la libertad de los ediles, cuyo individualismo es inobjetable a la hora del voto. Pero entonces, cuando se acude a la militancia y se apela a los valores inexpugnables del partido representado ¿qué sentido tiene? Para qué apelar a las ilusiones de un partido si posteriormente se privilegian cuestiones que nada tienen que ver con tales fundamentaciones ideológicas.
El Partido Justicialista tiene mucho que analizar y severas autocríticas que realizar si quiere ser alternativa política de aquí en adelante, pero aquellos que han interrumpido el contrato electoral, además, tienen muchas explicaciones que dar a sus militantes y, más que a ninguno, al sagrado pueblo que depositó en ellos una confianza que impone un rumbo ineludible en el momento de levantar la mano.